Tags

Astronomia Maya

Desarrollaron un calendario muy preciso, con un año de 365 días. El año solar (haab) tenía 18 meses de 20 días cada uno y otro más de sólo cinco días. Los nombres de los meses eran: Pop, Uo, Zip, Zotz, Tzec, Xul, Yaxkin, Mol, Chen, Yax, Zac, Ceh, Mac, Kankin, Moan, Pax, Kayab, Cumbu y Uayeb.

Cancun Car Rental

Uno de los temas más fascinantes de la civilización maya sigue siendo el sentido último de su astronomía, sin duda la más avanzada de la época -y aún de épocas muy posteriores- en todo el mundo.

La astronomía ha sido, de entre todas las ciencias y desde sus orígenes, la que ha tenido un papel más destacado en la historia del pensamiento humano. La observación y estudio de los astros ha preocupado a la humanidad desde sus albores y no conocemos civilización antigua que no haya desarrollado en menor o mayor medida sus conocimientos astronómicos. Los avances que se han producido en los últimos tiempos en el estudio de los conocimientos astronómicos que poseían las antiguas culturas mesoamericanas han sido ingentes, sobre todo debido al desarrollo, en la década de los ochenta, de dos nuevas disciplinas: la arqueoastronomía o astroarqueología, y la etnoastronomía. Los antecedentes de estas disciplinas se sitúan en el siglo pasado, aunque los primeros avances serios se dieron en los años sesenta con el estudio de las construcciones megalíticas europeas. El desarrollo de la ciencia en las civilizaciones antiguas está ligado a su contexto histórico-social, por lo que al estudiar la astronomía de otros pueblos debemos situarla en relación con la cosmovisión, los mitos y la religión de esas culturas. De esta forma, los documentos calendáricos americanos revelan los logros en matemáticas y astronomía de estos pueblos, pero debemos tener claro que su función era fundamentalmente ritual y adivinatoria.

Cancun renta de Carros

Este desarrollo científico y las complejas relaciones astronómicas y matemáticas son una consecuencia lógica del desarrollo evolutivo de toda civilización.

En la antigüedad la observación astronómica estaba íntimamente ligada a la agricultura y los ciclos climáticos, es decir, a las bases de la civilización. Una vez que los antiguos aprendieron a predecir fenómenos, la astronomía se convirtió en un instrumento de poder para el sacerdote gobernante, pues podían controlar dichos fenómenos e incluso provocarlos. Los cultos realizados por estos sacerdotes aparecían como la causa de los fenómenos naturales recurrentes y consecuencia inmediata de la correcta realización del ritual. Para el estudio de la astronomía y el calendario en la época prehispánica disponemos sobre todo de documentos escritos: crónicas históricas y códices de los que, por desgracia, nos quedan muy pocos debido a la quema llevada a cabo por los españoles. De hecho, sólo conservamos cuatro códices mayas.

Pero además, actualmente contamos con otras fuentes complementarias que proporcionan datos silenciados en los registros escritos. Por un lado, la arqueoastronomía obtiene sus datos de las medidas de orientaciones de edificios y sitios arqueológicos y busca su relación con fenómenos astronómicos, como los momentos de salida y ocaso del sol y de algunas estrellas y constelaciones en determinadas fechas. En algunos casos, estas orientaciones nos permiten estimar la posible fecha de construcción de algunos edificios. Así, se ha podido establecer que los puebles prehispánicos observaban ciertos acontecimientos astronómicos y poseían incluso la capacidad de diseñar y construir edificios con el fin de resaltar esos fenómenos.

Cancun Car Rental

Por otro lado, a pesar de los cambios radicales que se produjeron en la organización económica y política tras la conquista española, en la actualidad algunas comunidades indígenas han logrado conservar su identidad cultural y en ellas perduran elementos de la cosmovisión y de la observación de la naturaleza que poseían sus antepasados prehispánicos, cuyo estudio supone una notable ayuda para la comprensión de ciertos aspectos poco conocidos de la cosmología prehispánica mesoamericana.

En el saber astronómico que poseían los antiguos mayas se han producido los mayores avances, gracias en gran parte al desciframiento de su escritura y a que poseemos al menos un Códice, el de Dresde, con contenido principalmente astronómico. Esta gran civilización floreció en la zona del sur del México actual, Guatemala, Belice, El Salvador y la zona Occidental de Honduras, y tuvo su época de mayor esplendor en el denominado Periodo Clásico, del 300 al 900 d. de C.

La situación geográfica de la antigua civilización maya, así como del resto de la región conocida como Mesoamérica, en la zona tropical, le aporta una significativa peculiaridad a la hora de realizar observaciones astronómicas, debido a que el sol pasa por el cenit dos veces al año en su recorrido aparente entre los trópicos. En el ecuador estos pasos se producen en los equinoccios, mientras que en el Trópico de Cáncer el paso tiene lugar en el solsticio de verano y en el de Capricornio en el invierno. Se ha demostrado que estos pasos cenitales eran de gran importancia entre los antiguos mesoamericanos para la agricultura, el calendario y los rituales.

Cancun renta de Carros

Otro hecho importante, atener en cuenta a la hora de realizar los estudios de la astronomía entre estos pueblos, es que su observación se llevaba a cabo a simple vista. Por esta razón no debemos tratar de interpretar sus conocimientos basándonos en nuestras concepciones teóricas actuales, como el sistema heliocéntrico, fruto de enormes avances en las técnicas de observación.

Uno de los motivos básicos del desarrollo de la astronomía fue el de la cronología. Para entender la importancia del cómputo del tiempo entre los mayas baste decir que una sola palabra, k'in, designaba el tiempo, el día y el sol.

El mismo diseño del glifo de k'in probablemente haga referencia a las cuatro posiciones extremas del sol en el horizonte, es decir, a la salida y puesta del sol en los puntos más al Norte y más al Sur.

Existían dos tipos de calendario entre los mesoamericanos: el calendario o cuenta ritual de 260 días, llamado Tzolk'in por los mayas, y el calendario de 365 días o año vago, que recibía el nombre de Haab.

El primer ejemplo de calendario de 260 días aparece en Monte Albán alrededor del 600 a. de C. Este calendario consiste en 20 nombres de días alternando con los numerales del 1 al 13. De esta forma el nombre de un día con su numeral se repite cada 13_20=260 días.

El origen de este calendario, que no aparece más que en Mesoamérica, continúa siendo un enigma. Se han encontrado todavía evidencias suficientes.

Tres medios años de eclipse corresponden a dos tzolkines, el intervalo real de aparición de Venus como estrella matutina es de 263 días y el período sinódico de Marte son 3 períodos de 260 días, pero no se tienen pruebas de que ninguno de estos fenómenos haya dado origen a este calendario.

Cancun Car Rental

También se ha propuesto una relación con el intervalo que separa las fechas se paso del sol por el cenit en la zona maya meridional. Y otra de las explicaciones posibles se basa en el tiempo de gestación de la mujer.

Otro aspecto de este calendario aún sin resolver es a qué hora comenzaba el día del tzolk'in. En el caso maya no existe ninguna respuesta directa, pero el mayista norteamericano Thompson, leyendo entre líneas los libros del Chilam Balam de Chumayel, llegó a la conclusión de que probablemente comenzaba a la salida del sol. Sin embargo, datos etnográficos apuntan a su comienzo al anochecer.

El segundo calendario empleado por los mayas, el Haab, se forma alternando 18 nombres de meses con los numerales de 0 al 19, lo que da un total de 360 días, que se completan con 5 días llamados Uayeb, sin nombre, entre los mayas, que se consideran aciagos.

Estos 365 días se acercan a la duración verdadera del año solar o trópico de 365.25 días. Pero aquí surge de nuevo la duda. ¿Conocían los antiguos mayas la verdadera duración del año solar, y por tanto realizaban como nosotros la corrección de los bisiestos? El cronista español Diego de Landa afirmó que sí, pero los estudios realizados no han hallado ninguna evidencia de que tal corrección fuera realizada, aunque sí hay indicios de que conocían la duración real, al haber sido encontradas numerosas inscripciones con múltiplos enteros del año trópico.

También se desconoce cuándo comenzaba el día del Haab. Algunos investigadores, encabezados por el ya citado Thompson, han propuesto que mientras la cuenta de 260 días comenzaba a la salida del sol, la de 365 días lo hacía a la puesta de sol.

Cancun renta de Carros

Las dos cuentas, Tzolk'in y Haab, se combinaban para dar nombre a un día (por ejemplo, 1 Ahau 8 Cumku), repitiéndose, una fecha cada 52 Haab o 73 Tzolk'in. Supuso un gran adelanto, pues una fecha sólo se repetía cada 18.980 días. No se conoce el término maya para este período, pero entre los mexicas era denominado xiuhmolpilli (atadura de años). Los investigadores lo conocen como la Rueda Calendárica.

Conservamos algunos ejemplos de almanaques, entre ellos el que se conserva en el Museo de América de Madrid. En ellos podemos ver el concepto de estrecha unión entre el espacio y el tiempo que poseían estos pueblos. Dividían las direcciones en cuatro partes más el centro. Cada dirección del mundo tenía asociado un dios, un color, un árbol, un ave y un ritual, así como unos días del calendario ritual. Las direcciones en maya se denominaban lik'in (en que sale el Sol, el Este), chik'in (donde el Sol se pone, el Oeste), xaman (a la derecha, el Norte), nohol (a la izquierda, el Sur).

Estos dos últimos términos parecen indicar que el Oeste era una dirección privilegiada, pues el Norte y el Sur están a la derecha e izquierda, respectivamente, del Oeste. La quinta dirección es el centro yaxk'in, que es el cenit por el que pasa el Sol. Podemos observar la importancia que para ellos tenía el Sol y la determinación de su movimiento y sus posiciones en el cielo.